
Mel y yyo nos volvimos inseparables. Éramos las que mejor se portaban en el pabellón de los F.D. o M.D. (las siglas éran para acortar tiempo)
Una noche, todas las niñas del hospital comentaban sobre una niña en el pabellón de problemas alimenticios (por no decir flacas calacas largas, que es como solían llamarlas en los demás pabellones) que tocaba muy bien el piano y tenía músicos en su familia.
-Ale... Ale...¡Despierta Dría!!!
-¿Qué pasó?- pregunté todavía dormida-¿Qué necesitas?
-Drí... ¡hoy vamos al pabellón de las calacas! Vamos a ver tocar a la nueva... Leslie creo.. anda ¿si?
-Dale... Nada más me pongo la bata...
Mel y yo salimos a escondidas, caminamos hasta uno de los jardines y pasamos muchos pasillos y salas de espera, oficinas y puestos de enfermeras.
Por fin llegamos al pabellón, entramos en una sala muy grande, donde había un piano y vimos a muchas niñas que escuchaban atentas a Leslie.
-Sabes tocar muy bien- le dije mientras se bajaba del banco y se unía a nosotras en el suelo- ¿quién te enseño?
-Mi papá- contestó Leslie- Él es un gran músico.
-Mi nombre es Alejandría. Pero puedes decirme Drí.
-Yo soy Leslie.
-¿Puedo preguntar por qué estás aquí?
-Pues... me preocupo mucho por mi peso, y aunque dice que estoy delgada no lo creo.-hizo una pausa- Peso 33 kilos y no puedo subir más- miró al techo y después preguntó- pero... ¿tú por qué estás aqui?
-Pues yo he tenido muchos problemas... y me volví... bueno, necesitaba tomar antidepresivos. -Leslie me miró extrañada- y una noche, sentí que mi vida ya no tenía sentido y tomé unos rastrillos, les quité las cuchillas y terminé drogada y desangrándome en el baño de mi recámara.
Leslie calló unos minutos. Su mirada decía que estaba confundida.
Me miró y volteó a ver el techo. Finalmente habló.
-Sabes, pienso que todos tenemos problemas, pero no los queremos enfrentar. Pienso que nos da miedo.
-¿Miedo?- pregunté... era la primera vez que alguien me decia algo así- ¿Cómo que nos da miedo?
-Si, miedo. Verás- continuó Leslie- yo sé que al final tengo miedo de estar gorda, pero también tengo miedo de morir por falta de todo lo que debo comer.
-Y... ¿yo qué tengo que ver? -la miré enfadada- yo no temo comer... ni temo engordar... es más, no temo ni morir.
-Pero tienes miedo de desilusionar a los demás- me miró con gran dulzura- tienes miedo de fallarles y quedarte sola.
Que verdad tenía Leslie... unapequeña que pertenecía al pabellón de las calacas.
Pasaron las semanas y a Mel la dejaron ir a casa. Ahora me sentía más sola que nunca, pero quedaba Leslie.
-¿Sabes algo de tu amiga?- preguntó Leslie cuando ibamos caminando por el pasillo hacia su cuarto.
-No- contesté- pero esty muy segura que pronto lo haré.
-¿Y no temes que intente morir otra vez?
-Si... cada día que pasa pienso en ello- A Melissa la habían dejado salir porque consideraban que su tratamiento había terminado y segun su psicóloga, la doctora Fabiola, Mel ya no pensaba en cosas insignificantes y su cerebro funcionaba perfectamente, su autoestima se elevó y la depresión había pasado.- Quiero confiar en las palabras de la doctora Fabiola.
-Bien, me da gusto que pienses asi.
Al paso del tiempo veía como entraban y salían enfermos. Todos, poco a poco. Pero yo, yo seguía en el mismo hospital, con los mismos doctores, la misma cama, el mismo oso y hasta el mismo peinado.
Pero algo había cambiado... algo ya no era lo mismo dentro demi.
Cada día Leslie y yo hablábamos más de su familia y de cómo la querían.
Le conté de los problemas que tuve con Diego, de mi mamá... Le conté de cómo mi papá se fue con mi hermanita y le dije lo mucho que los extrañaba.
-¿Y tu mamá?
-No lo sé...- no mentí, mamá no me había visitado ni un sólo día- debe estar furiosa conmigo por haber... tu sabes... intentado matarme.
-Pero te perdonará- dijo Leslie. ¿Cómo sabía ella que lo haría?
-No lo sé... Espero que si.
-Ya verás Drí, ya verás.

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