
A mi llegada al hospital ( cuyo nombre no voy a decir) noté que ese sería mi hogar por no sé cuántos meses.
Poco a poco caminé atrás de ua enfermera muy amable. Ella era un poco bajita y gordita. Su cabello era rubio y corto, debajo de los oídos.
-Alejandría, este será tu pabellón. Abajo encontrarás los patios, los jardines y algunos baños. No se te permite hablar por teléfono, solo a tu casa, una vez por semana. Y tu mamá vendrá una vez a la semana a visitarte- la imagen que me había hecho de ella se acababa de esfumar, junto a mis esperanzas de poder pasar un rat agradable.- Encontrarás una cama con una plantilla médica que dirá tu nombre. ¿Alguna pregunta?
-No.
-Bien, deja tu oso en la cama y todos los artículos que necesites te los daremos cuando los pidas.
La enfermera salió de la habitación. Noté que habían más camas. Cada una tenía un nombre diferente y algo más escrit como la edad y lo que trataban.
-Tranquilo Titi, nada malo nos va a pasar.
Titi es el oso que papá me regaló antes de irse de casa. Lo conservaba porque me daba la esperanza de que papá regresara.
Busqué mi cama. Estaba junto a la ventana. Dejé a Titi acostado y lo tape con un extremo de la sábana.
Mire por la ventana. ¡Todos se veían tan normales! No podía imaginar por qué estaban ahí.
-Hola, tu debes ser Aalejandría. Yo soy Melissa, pero puedes decirme Mel.
-Hola Mel. Mis amigos me dicen Drí. Bueno... lo hacían.
-Y ¿por qué estás aquí?
-Porque sentía que todos iban a estar mejor sin mi, y pues un día decidí terminar con todo.
-¿Sabes cuál es el nombre del pabellón verdad?
-No.
-Bueno... el nombre no, pero a todos los que nos traen aquí es solo porque tomamos medicamentes que no deberíamos tomar- dijo Mel muy tranquila y seria.- Nos llaman farmacodependientes o maniacodepresivas.
Poco a poco caminé atrás de ua enfermera muy amable. Ella era un poco bajita y gordita. Su cabello era rubio y corto, debajo de los oídos.
-Alejandría, este será tu pabellón. Abajo encontrarás los patios, los jardines y algunos baños. No se te permite hablar por teléfono, solo a tu casa, una vez por semana. Y tu mamá vendrá una vez a la semana a visitarte- la imagen que me había hecho de ella se acababa de esfumar, junto a mis esperanzas de poder pasar un rat agradable.- Encontrarás una cama con una plantilla médica que dirá tu nombre. ¿Alguna pregunta?
-No.
-Bien, deja tu oso en la cama y todos los artículos que necesites te los daremos cuando los pidas.
La enfermera salió de la habitación. Noté que habían más camas. Cada una tenía un nombre diferente y algo más escrit como la edad y lo que trataban.
-Tranquilo Titi, nada malo nos va a pasar.
Titi es el oso que papá me regaló antes de irse de casa. Lo conservaba porque me daba la esperanza de que papá regresara.
Busqué mi cama. Estaba junto a la ventana. Dejé a Titi acostado y lo tape con un extremo de la sábana.
Mire por la ventana. ¡Todos se veían tan normales! No podía imaginar por qué estaban ahí.
-Hola, tu debes ser Aalejandría. Yo soy Melissa, pero puedes decirme Mel.
-Hola Mel. Mis amigos me dicen Drí. Bueno... lo hacían.
-Y ¿por qué estás aquí?
-Porque sentía que todos iban a estar mejor sin mi, y pues un día decidí terminar con todo.
-¿Sabes cuál es el nombre del pabellón verdad?
-No.
-Bueno... el nombre no, pero a todos los que nos traen aquí es solo porque tomamos medicamentes que no deberíamos tomar- dijo Mel muy tranquila y seria.- Nos llaman farmacodependientes o maniacodepresivas.
-¿Así es como les llaman en este hospital?- la sola idea de que me etiquetaran me hacía temblar- ¿Qué no piensan en cómo se sienten ustedes?
-Si, pero no mienten.- Mel parecía estar muy tranquila- La mayoría de los que estamos aquí hemos desarrollado una dependencia hacia los medicamentos antidepresivos.
Mel tenía razón, yo era uno de ellos. Yo, Alejandría, la que en algún momento fue estudiante modelo, hija perfecta, había perdido todo solo por un problema pequeño y sin importancia.
-Pero cuéntame, ¿cómo empezó todo tu problema?
-Pues, yo era una niña muy inteligente, o por lo menos eso decía papá. Per un día- hice una pausa, no podía seguir- pero un día, todo se fue por un hoyo. Me setía triste, no sabía ni que pasaba. Mi novio-si, Diego- me dijo que me había vuelto muy agresiva y poco cariñosa, que había cambiado, y decidió que era mejor que termináramos.
-¡Wow! Terminaron porque habías cambiado... ¿Qué fue lo que te hizo cambiar?
-No lo sé. Tal vez fue que... tomaba las pastillas de mamá. Dieg lo notó y me pidió que no lo hiciera, porque me lastimaba a mi misma y él me quería demasiado- pensandolo bien... si fui un poco egoísta- pero no le di importancia y seguí haciendolo. Poco después, ya estaba sola. Mis amigos no me hablaban y si lo hacían yo no salía, dormía todo el día. Era un zombie.
Mel me miraba con una expresión de asombro. No creí que le impresionara tanto mi historia. Pero seguí.
-Entonces empezaron los problemas con mamá. Los gritos y lasindirectas- las lágrimas corrían por mis mejillas, no podía creer lo mala que fui- y pensé en terminar con todo lo que pasaba. Asi que una noche...
-Terminaste buscando las pastillas y algo muy afilado- interrumpió Mel con los ojos llorosos- y sin pensarlo dos veces- calló antes de poder terminar la oración.
-Si, corté poco a poco hasta que sentí que todo el dolor y el sufrimiento se iba por la regadera.
No podía creer que Mel, la niña bonita que estaba sentada a un lado de la ventana conmigo hubiera hecho lo mismo que yo. Era... era muy confuso.
-Si. Suele suceder asi. Y después las vocecillas que te dicen que pelees. La oscuridad, el vacio, el olvido. Te entiendo.
-Mel, ¿estás bien?- me acerqué a ella y le extendí los brazos- sé que cuesta trabajo contar con una desconocida, pero hemos pasado lo mismo.
-Te creo... gracias.- Lloraba como nadie lo haría- Gracias Drí.

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