
Es muy raro hablar de esto. Nunca lo habia comentado con nadie... pero recuerden que esto era un secreto... que ahora comparto aqui.
Soy Alejandria, me dicen Dria, D. o Ale... Si, en realidad no es mi nombre de pila pero... es como me han dicho ultimamente,..
Conocí a una niña llamada Leslie. Ella sufria de anorexia nerviosa. Ambas estabamos en el hospital.
Yo me encontraba por razones algo diferentes a las de Leslie, pero el sólo conocer su historia me hizo ver que no teníamos tantas cosas diferentes.
Bien, no he sido muy clara... y talvez quieren saber porque estaba en el hospital cierto?
Todo a su tiempo.
Bueno, voy a contar lo que paso en la mañana que todo comenzó.
-Cariño, ven rápido, tu desayuno se enfrían ¡y no lo podré calentar de nuevo!- gritó mi mamá desde la cocina, como acostumbra hacerlo.- Si no bajas en cinco minutos te marcharás sin comer y sabes perfectamente bien que eso no me parece lo más adecuado.
-Bien mamá, ya no tardo en bajar.-¿Por qué tienen que irritar tanto las mamás cuando intentan hacer algo "POR TU BIEN"?-¡Sabes bien que no me gusta desayunar!
-Mira Alejandria, ¡no estoy dispuesta a negociar!, enojada creo yo... pero no se da por vencida. ¿Alguien la entiende?- ¡Baja en este instante!
Bajé... molestapor supuesto. No entiendo porqué me obligan a desayunar... no es lo más importante, ¿o si?
-Corre niña que el camión te dejará- gritó preocupada mi mamá.
Bien, el desayuno es uno de mis problemas más pequeños. Llegué a la escuela como cualquier otro día, nada nuevo. Todo lucía igual.
-Aburrido- murmuré en la clase de historia natural.- Todo es siempre igual.
-Cierto, pero no deberías expresarte tan fuerte, pueden escuchar tus pensamientos- murmuró una voz detrás de mi. Demonios, ¿por qué tuve que gritarlo? ¡Tonta!- Pero tranquila, no diré nada.
¿Cómo? ¿Acaso la voz dijo que no me acusaría? ¡Eso sí que es nuevo!
No pude evitarlo y volteé a ver quien era ese ser diferente que se encontraba a mis espaldas.
-Mi nombre es Diego.
-Hola soy Ale.
-Mucho gusto. Y que bonito nombre- dijo Diego mientras yo seguía mirándolo... Es que, ¡es tan bello!- Soy nuevo y, pues, me preguntaba si me podrías mostrar el plantel.
-¡Sí, claro!- contesté super emocionada- ¡Cuando desees podemos ir a ver todos los pasillos!
¡Wow! Eso sí que es nuevo en esta escuela. ¡Un niño nuevo en mi salón! Y... además... es tan... Tan ¡Guapo!
Pasó el tiempo y pues si, como era de esperarse Diego y yo nos volvimos inseparables.
-Sabes D., me encanta estar cerca de ti. ¡Eres una compañera excelente!
-¡Gracias tú!- reí- tú no te quedas atrás.
-Me preguntaba si querías salir conmigo, no sé, tal vez al cine.
Lo demás no creo necesitar decirlo. ¡Ése era mi sueño! Bien, seguro está la duda de que demonios tiene esto que ver con un hospital...
Bueno, pero no se asusten... ¿No lo harán verdad?
Esta bien. La pesadilla empezó cuando Diego y yo ya éramos más grandes, nuestra relación más madura.
Una tarde Diego y yo estábamos solos, siempre pasaba, pero por alguna razón esa tarde fue diferente.
-Tal vez no somos lo que necesitamos ser.
-Pero si tú no lo eres, ¿por qué siento que eres lo que siempre necesité?- algunas veces Diego me sacaba mucho de quicio.
-Pues, ahm... no lo se- ya se había puesto rojo- solo quiero decir que... tal vez es mejor separarnos un tiempo.
-No quiero que eso pase, pero... ahm... si es lo que tú en verdad deseas, yo lo voy a entender y a aceptar.

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