domingo, 30 de mayo de 2010

Cuando desperté (p.4)


De pronto todo era blanco. Sentí miedo y paz al mismo tiempo. Sentí una punzada en mi mano izquierda. Espera un momento... ¿Sentí? ¡Estoy sintiendo!

-Alejandría... Alejandría ¿realmente fui tan mala madre?- no sabía que estaba pasando- ¿Acaso no te pude dar todo lo que necesitabas?

¿Mamá? ¡Si! ¡Esa es la voz de mi mamá! Pero... ¿Por qué no me escucha?

De pronto vi algo que no puedo describir. Bueno... lo intentaré. Fue como despertar después de dormir 16 horas seguidas. O como cuando juegas a las escondidas y estás en un lugar oscuro mucho tiempo... y después sales a la luz y ves directamente al sol.

Todo brillaba. Todo era blanco.

¿Luz? ¿Esa es la luz de la que todos hablan?

No... me equivoqué.

Negro una vez más. Es desesperante, es horrible no saber en donde estoy. Da mucho miedo estar en el limbo en el que estoy. Pensando en lo que hice. Pensando en lo que voy a hacer. Sin saber si estoy viva o muerta. ¿Lo logré?

Pronto desperté. Una mujer muy bonita estaba revisando mis signos.

-¡Buenos días bella durmiente!- dijo amablemente-¿Lista para ir a pesarnos y al chequeo general?

-Si, pero... ¿en donde estoy? ¿Dónde está mamá?

-Tu mamá está abajo.- ¿Abajo? ¡No puedo entender nada!- Te está esperando con el doctor. Ahora vístete y podremos bajar a verla.

Bien hecho Alejandría, terminaste en una casa de lunáticos.

Me cambié. Era una bata blanca con bolitas azules. No era cómoda no bonita, pero era lo que debía usar.

-Bien, ahora entraremos con el doctor Orozco. El es una muy buena persona.

-De acuerdo- dije, finalmente ¿qué más podría decir?- ¿mamá estará con él?

-Si, tu madre está con el doctor.

La enfermera me condujo hasta una sala color verde, con muchas revistas, viejas, claro.

Tomé una y la hojee. Era muy aburrida, igual que mi vida.. Voltee a ver mis muñecas. Estaban vendadas. Realmente dolían mucho.

¿Acaso por eso estaré aquí? ¿Pensará este doctor que estoy loca?

Pocos minutos después entré a una oficina muy grande, blanca. En las paredes habían muchos diplomas. Todo era blanc y los marcos eran en oro.

-¿Señorita Alejandría?

-¿Si?- dije angustiada- soy yo.

-El doctor la verá enseguida.

Seguí a una enfermera hasta otra sala.

Esta enfermera era muy parecida a la otra: alta, con cabello rizado y rojo, muy flaca. Pero no tenía cara de ser amigable, y su voz era molesta.

Me senté y recrdé todo lo que sentí esa noche. No pude hacer más que llorar.

-¿Cómo pude pensar que todo iba a estar bien?

-Es muy fácil Alejandría- dijo una voz masculina desde el otro lado de la oficina.- Creíste que todo se solucionaría. Soy el doctor Orozco.- Estiró la mano y lo salude.- Me da mucho gusto por fin poder hablar contigo Dría.

-¿Si?- pregunté asombrada- ¿Cuánto tiempo esperó?

-Has estado aquí 2 meses. Pero es un placer poder hablar personalmente contigo.

¡Mentira! ¿Realmente quería hablar conmigo?

-Debe pensar que estoy loca.

-No-dijo tranquilamente sentado en su escritorio.- No pienso que estas loca. Pienso que tienes un problema y por eso te quiero ayudar.

-¿Ayudar? ¿A mi?-¡Cielos, es la primera vez que alguien me quiere ayudar!-¿Cómo piensa ayudarme?

-Primero debo saber si estás dispuesta a cualquier cosa... si seguirás el tratamiento al pie de la letra.

-Si. Haré lo que sea necesario. - Por fin alguien estaba dispuesto a enseñarme que la vida no era tan mala. No pensaba dejar pasar esta portunidad.- Pero... ¿Dónde está mamá?

-Está arreglando tus cosas. Le pedimos que empacara todo lo que fuera tuyo para que se lo lleve a casa.

-¿Entonces podré regresar a casa también?

-Lo lamento. Tú entrarás a un hospital más... seguro.

¿Más seguro? ¿Qué quiere decir eso? No entendía nada. Pero asi fue. Pasaron 2 días más. De pronto me subieron a una camioneta y partí.

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