sábado, 29 de mayo de 2010

El Pleito (p.2)


¿Qué? ¿Perderlo? Yo, por supuesto, no iba a permitir que Diego me dejara sola... no podía estar sola una vez más. Si, lo sé, soy un poco dependiente. Pero sabrán más de eso cuando les cuente por qué conocí a Leslie.

Bueno, la cosa es que Diego y yo discutimos ese día.

-¿Por qué no puedes entender que no puedo estar sin ti? ¿No te has dado cuenta de lo importante que eres?

-Si, pero te has vuelto muy extraña... ya no me hablas igual- me reclamó con voz confundida- ya no salimos, ya no jugamos, no eres la misma Alejandría.

¡Alejandría! ¿Acaso me dijo Alejandría?

-¿Qué quieres decir con que no soy la misma?- pregunté mientras él se ponía de pie- no he cambiado ni un poco desde el día en que te conocí.

-No, no es así... te has vuelto muy egoísta.

¡Solo eso me faltaba! Si, ¡egoísta! Ahora si lo he escuchado todo.

Bueno, ya no haré más pausas, sé que mueren de ganas por saber por qué entré a un hospital y por qué digo que esta historia da un poco de miedo.

Pues, la discusión con Diego y el hecho de que terminara conmigo me afectó muchísimo. A la mañana siguiente no salí de la cama. Era tanta mi tristeza que mi mamáprefirió dejarme asi.

-Sólo entiende que no podrás seguir así de por vida.

-¡Si, si puedo!

-Es injusto, no sólo para ti, ¡también para los que te rodean!

-¿Y justicia es lo que hizo Diego al dejarme sola sabiendo que lo necesito tanto?

Mamá me miró extrañada. Era la primera vez que e veía de esa manera, como si yo estuviera loca o algo asi.

-Drí, sólo digo que es una relación que debía terminar- dijo mamá tranquila sentada en la esquina de mi cama- no deberías tomarlo tan personal. ¡Eres una niña!

-¡Siempre he sido solo una niña para ti!- grité- y déjame, quiero estar sola.

Mamá salió de mi recamara limpiando las lágrimas que se le escurrían por las mejillas.

-Debo ser una verdadera estúpida para poder lastimar a mamá de esa manera-pensé- todos estarían mejor sin mí.

Si, sé que no pueden creer que piense eso, pero no miento.

Los días pasaron y cada uno era una nueva pelea con mamá.

A la semana siguiente papá se fue de la casa, llevándose a mi hermanita con él.

Dijo que mamá no estaba concentrada en nosotras, y que yo, por ser más grande, debía quedarme con ella para ayudarla a solucionar sus problemas y a comprender cuales debían ser sus prioridades.

-Pero, ¿por qué te vas?- dije llorando frente a la ventana del estudio que ocupaba papá-¡Acaso no soy una hija lo suficientemente responsable y alegre? ¿Acaso también soy una carga para ti?

Mamá pasó por el estudio. Lentamente abrió la puerta y se acercó a mi.

-Mami, ¿crees que papá regrese algún día?- dije mientras buscaba la forma de abrazarla- ¿crees que sea mi culpa?

-No. Drí, no debes culparte por los problemas que los mayores tenemos. Algunas veces papá y yo no nos entendíamos- me secaba las lagrimas con un pañuelo que sacó de su bolsillo derecho.- Pero tú no tienes la culpa de nada. Eres una hija maravillosa.

-¡No! Sy todo lo contrario y lo sabes.

-¿De qué me estás hablando Drí?

-Soy egoísta, egocéntrica, maleducada, caprichosa-nunca había visto a mamá tan sorprendida- soy fea, tonta- seguí- soy todo lo contratio a lo que papá y tu merecen como hija.

-¡Alejandría! ¿De verdad crees todo lo que estás diciendo?- e este punto mamá ya estaba llorando y sosteniendo mi mano- ¿De verdad crees que eres tantas cosas malas?

-No lo se. ¡No se nada!

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